|
El Palacio y la Torre de los Bustamante, ubicados ambos edificios en el pueblo de Quijas (Reocín), fueron declarados bien de interés cultural en el año 1982. Las características primigenias de este conjunto arquitectónico permiten adscribir su construcción a los siglos de la Baja Edad Media (XIII-XV), y más posiblemente, al siglo XIV. En relación con la defensa de este núcleo nobiliario existieron dos torres de vigilancia, una en Quijas y otra en Villapresente. No obstante, durante la Edad Moderna, más concretamente a fines del sigl o XVII y principios del XVIII, la antigua casa-torre medieval sufrió una estructural reforma arquitectónica, de la que destaca su imponente fachada, en cuyo piso bajo se extiende un soportal de arcadas, y en el superior se extiende un amplio balcón de madera del que destaca un monumental escudo de la Casa de los Bustamante, y la decoración del tabique por el que se accede, realizado con ladrillos caravista y entramado de madera, al estilo que predominaba en algunas casonas rurales de entonces. En el extremo oriental del palacio, se construyó una capilla de una nave, con bóveda de crucería, y rematada en su exterior por una espadaña. En el lado meridional de este edificio religioso se encuentra un gran escudo referido al linaje de los Bustamante, con una inscripción que dice vi las armas relumbrantes de los franceses blasones, de los fuertes bustamantes, que reyes no fueron antes, descienden de emperadores: azules los trece roeles, en campo de gran limpieza en la orla de vencedores, las tres celestiales flores. En torno a la vivienda, existieron algunas edificaciones de servicios, de las cuales hoy en día se han conservado algunas, tales como las bodegas, el horno, las socarreñas y dos molinos, uno de ellos aún en funcionamiento. No obstante, no se ha conservado la ferrería medieval que sabemos que existió en la antigua casa-torre de los Bustamante.
La propiedad de este bien de interés cultural es privada y no está sujeta a un horario de visitas; el acceso es posible pero requiere el permiso del propietario, o de la familia que lo guarda.
La finca de la Sociedad “Puente de San Miguel. Sociedad Anónima”, situada en Puente San Miguel, fue declarada bien de interés cultural, con la categoría de Jardín Histórico en 1986. Este jardín tuvo su origen en el interés hacia la botánica que manifestó siempre don Marcelino Sanz de Sautuola, más conocido por ser el descubridor de la Cueva de Altamira. En su genealogía aparecen las familias Sánchez de Tagle, con residencia y propiedad en Puente San Miguel, donde plantó y estudió árboles autóctonos y foráneos.
María, la hija de nuestro protagonista, aquella que acompañó a su padre a la gruta de Altamira y le dijo que había bueyes en el techo, creció y contrajo matrimonio con don Emilio Botín y López. Ambos se preocuparon por ampliar, cuidar y legar a sus hijos y nietos, el jardín creado por don Marcelino Sanz de Sautuola.. Al lado del jardín se construyó, en 1900, una casa solariega-capilla, que fue diseñada por Winthuysen. Más tarde, en 1910, el arquitecto Javier González de Riancho, elaboró el plano de la portalada por encargo de don Emilio Botín y López y su esposa. El jardín contiene una gran masa de árboles ordenados, entre sus especímenes asombran los extranjeros, como la metasequoia de origen chino, las sequoias americanas, los castaños de indias, los cedros del Líbano, el tejo irlandés, un eucalipto plantado en 1867, etc..., y destacan los autóctonos y los del territorio nacional, tales como los plátanos, las encinas, las magnolias, y los pinsapos o abetos, entre otros muchos. Además, el jardín contiene una serie de elementos decorativos, como por ejemplo, esculturas, puentecillos, o un impluvium, que junto con los senderos por los que transcurre el visitante, hacen del lugar un disfrute para los sentidos y un reposo para el espíritu.
El jardín se puede visitar el tercer jueves de cada mes.
|